El aborto libre es una de las más importantes reivindicaciones del feminismo fanático, no porque signifique un derecho para la mujer, que no debe serlo, sino porque es una forma más de ningunear al hombre utilizando la función reproductora de la mujer como arma.
Esto es así porque en caso que una mujer quiera abortar y el hombre quiera ser padre, no se le permite.
En cambio, si el hombre no quiere ser padre y la mujer tiene al niño, se obliga al hombre a ser padre sin quererlo, con todas las consecuencias legales como la pensión alimenticia del menor hasta su emancipación.
El caso es ningunear al hombre como sea, instrumentalizando la vida de una manera criminal como lo es el aborto, al que las femilistas llaman “Interrupción voluntaria del embarazo”, como si después se pudiera reanudar.
La reforma de la ley que planean las femilistas, consiste en la introducción de lo que se conoce como una “ley de plazos”, estableciendo una norma que permitiría abortar de forma libre dentro de un determinado periodo de la gestación, transformando lo que es hoy un delito (despenalizado en ciertos supuestos), en lo que ellas llaman un “derecho”.
Ciertas actitudes del Partido Socialista nos hacen sospechar que detrás de esta modificación legal (que ni este partido ni ningún otro llevaba en su programa electoral) hay oscuros intereses. Así por ejemplo, en la comisión parlamentaria que se abrió para que cada grupo pudiera llevar a los expertos en la materia que considerara oportuno, el Grupo Socialista tan solo llevó a propietarios de clínicas abortistas. Cualquiera puede pensar que el objetivo último de esta norma es proteger los intereses de tan lucrativa industria.
Obviamente para “vender” la nueva norma a la ciudadanía hay que argumentar las supuestas ventajas que pueden reportar a la sociedad, aunque estos sean más falsos que un euro de piedra.
La Aído nos habla de que esta ley va a impedir que las mujeres que abortan vayan a la cárcel, pero, ¿cuántas mujeres hay en prisión por haber abortado? La respuesta es cero. También se nos dice que la norma servirá para proteger los fetos a partir de las 22 semanas de gestación. Aquí la pregunta que se nos plantea es: ¿por qué desde ese instante y no antes?
Y como no podía ser de otro modo también se nos habla de aumentar la libertad de la mujer. Ahora bien, ¿esto se aplicará siempre o solo cuando la mujer esté embarazada de un varón?
Porque claro si el bebé a abortar es niña, estaríamos hablando de los derechos y libertades de dos mujeres, lo que echaría por tierra las propias teorías de género que el propio Ministerio de Igual-dá una cosa que la otra, nos quiere imponer. ¿Por qué en ese caso tendría más derecho la mujer mayor a matar a la mujer menor? ¿Es porque la mayor vota?
UNA MORALEJA
Con un bebé en brazos, una mujer muy asustada llega al consultorio de suginecólogo y le dice: “Doctor, por favor ayúdeme, tengo un problema muy serio. Mi bebé aún no ha
cumplido un año… y ya estoy de nuevo embarazada.
No quiero tener hijos en tan poco tiempo, prefiero un espacio mayor entre
uno y otro….” El médico le preguntó: “Muy bien, ¿qué quiere que yo haga?” Ella respondió:
“Deseo interrumpir mi embarazo y quiero contar con su ayuda.” El médico se quedó pensando un poco y después de un rato le dice: “Creo que
tengo un método mejor para solucionar el problema y es menos peligroso para
usted.” La mujer sonrió, pensando que el médico aceptaría ayudarla. Él siguió hablando: “Verá señora, para no tener que estar con dos bebés a la
vez en tan corto espacio de tiempo, vamos a matar a este niño que está en
sus brazos.
Así usted tendrá un periodo de descanso hasta que el otro niño nazca.
Si vamos a matar, no hay diferencia entre uno y otro de los niños.
Y hasta es más fácil sacrificar éste que usted tiene entre sus brazos
puesto que usted no correrá ningún riesgo.” La mujer se asustó y dijo: “¡No, doctor! ¡Que horror! ¡Matar a un niño es un
crimen, ES MI HIJO!” “También pienso lo mismo, señora, pero me pareció que usted estaba convencida de
cometer ese crimen y pensé en ayudarla según sus criterios.” El médico sonrió y después de algunas consideraciones, vio que su lección
surtía efecto. Convenció a la madre que no hay la menor diferencia entre matar un niño que ya nació….. y matar a uno que está por nacer, y que está vivo en el seno materno.




